lunes, 18 de abril de 2011

La rueda de color, para decorar y combinar con acierto


Mezclar, combinar y conjuntar los colores es la base de toda buena decoración. Y no todo puede depender de la intuición y el presunto buen gusto. Combinar colores tiene sus reglas y muchas están en la rueda de color o círculo cromático. Se trata, recuerda Consumer, de un diagrama circular en el que se representan los colores primarios -rojo, amarillo y azul- y sus combinaciones.

Estos colores se colocan de forma alterna, de modo que los complementarios queden enfrentados: rojo-verde, naranja-azul y amarillo-violeta. Esta rueda es muy útil en trabajos de diseño y decoración, ya que ayuda a planificar el trabajo y a acertar en la combinación de colores.

Colores primarios

Rojo, amarillo y azul. Los colores primarios reciben este nombre porque no se pueden crear a partir de ningún otro color. En cambio, combinados entre sí dan lugar a otras tonalidades. El efecto puro que transmiten se puede suavizar si se mezclan con gris u otros tonos neutros.

El color rojo es cálido y atrevido a la vez. Estimula la mente, da energía y excita los sentidos, por lo que se recomienda su uso en estancias destinadas al entretenimiento, como el salón de la vivienda.

Por el contrario, el azul denota calma, serenidad y frescura, como la visión del cielo o el mar. No obstante, los tonos más pálidos combinados con una iluminación de poca intensidad pueden resultar demasiado fríos. Una combinación apropiada mezcla los tonos azules y blancos.

El amarillo combina la energía y vitalidad características del rojo, con la calidez de los azules. Al igual que el sol, el amarillo llena de luz las habitaciones y hace que éstas brillen en los días nublados. Combinado con colores cálidos como los rojos, naranjas y púrpuras, crea un ambiente íntimo y acogedor.

Colores secundarios

Los colores secundarios también son tres: naranja, verde y violeta. Estos provienen de mezclar en cantidades iguales los dos colores primarios que están a sus lados en la rueda de color. Estas mezclas amplían las opciones de tono, lo que favorece las posibilidades decorativas.

Aunque su intensidad puede abrumar, el naranja es un color acogedor, atractivo y cálido, que sugiere intimidad. Aporta un tono acogedor y luminoso a las estancias frías o con poca iluminación natural.

El verde es el color por excelencia de la primavera y la naturaleza, del crecimiento y la renovación, del equilibrio y la armonía. Además de dar vida a las habitaciones, es un color que favorece la concentración, por lo que es idóneo para estancias donde se realicen tareas que requieran atención.

Desde el lavanda, al lila o al malva. La gama de matices del color violeta es muy amplia, aunque el más fresco y natural, sobre todo si se combina con verde o blanco, es el lavanda. La tendencia un tanto opresiva del violeta se puede mitigar si se mezcla con naranjas o amarillos. Los tonos más pálidos son los más indicados para las habitaciones personales, como los dormitorios y los estudios.

Ejes que combinan bien

Los colores conocidos como pares complementarios quedan enfrentados, son los opuestos en la rueda de color. Estos pares están formados por un color primario y otro secundario: rojo-verde, naranja-azul y amarillo-violeta. Aunque opuestos, esto colores se complementan y combinan entre ellos.

La combinación rojo-verde tiene un efecto dinámico: el rojo aporta el efecto estimulante y el verde, el toque de equilibrio. En el dúo azul-naranja, la intensidad de este último color se compensa con la calma y la serenidad que desprende el azul. Respecto a la mezcla de color amarillo-violeta, la vitalidad y alegría que caracterizan al amarillo compensan el punto irritante que puede tener el violeta.



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